Un microrrelato navideño:
Por si una noche decide devolvernos lo que se llevó, cierro bajo llave y dejo preparados el mortero y el cuchillo, para que no suceda lo que ocurrió la última vez. Entonces entró sin avisar: cajones abiertos, cosas por el suelo, la cartera vacía, la nevera arrasada y mi hija pequeña llorando desconsolada. No dejó nada en su sitio. Aprendí. Ahora lo espero más organizado, con la encimera despejada y todo lo que corta y machaca a mano para prepararle pollo relleno. Esta vez no me importa que vuelva a llevárselo todo. Viene de la universidad para Navidad y siempre llega con hambre.

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