—Solo me deja llevarlo un rato.
—¿Por qué?
—Porque dice que es muy caro y que lo voy a perder, pero que algún día será mío.
—¿Cuándo?
—Dice que cuando muera.
—¿Y dónde está ahora?
—No lo sé. Hoy no volvió para comer. —Una ambulancia dobló la esquina sin sirena. Las farolas acababan de encenderse.— Ya es tarde, anochece, deberíamos irnos.
—¿Y tú sabes leer la hora? Yo sí sé.
—¿Me la dices?
—No es esa hora, está adelantado.
—Siempre llega pronto a los sitios.
—Entonces tendrás tu reloj pronto.

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10 de febrero de 2026 en 13:02
¡Excelente! Me ha gustado mucho. Las ironías que tiene la vida. 👏👏
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10 de febrero de 2026 en 13:16
Logradísima esa atmósfera perturbadora en lo que, en principio, podía ser un diálogo banal.
Con las mínimas palabras, has expresado mucho.
Salud.
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10 de febrero de 2026 en 20:05
Buenísimo…ya el reloj es suyo :-)
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10 de febrero de 2026 en 20:11
Esperemos que no tenga tanta prisa por llegar pronto a los sitios.
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