—¿Qué haces con el sombrero del abuelo?
—Lo estoy pintando de azul.
—¿Te has vuelto loco? ¡Te va a matar!
—Es que siempre decía que el cielo guarda todo lo que va perdiendo y como cada vez se acuerda de menos cosas…
—Eso lo decía cuando murió la abuela.
—Por eso…
El abuelo apareció en la puerta.
—¿Qué estáis haciendo?
—Nada, papá.
El abuelo miró el sombrero azul.
—Qué raro —dijo—. Yo lo tenía gris.
Se lo puso despacio.
—Azul… —murmuró—. Como ella.
—¿Como quién?
El abuelo frunció el ceño, incómodo.
—Como… —dudó—. Como esa mujer que venía conmigo al parque.
El nieto, sentencioso:
—¡Me faltaron las nubes!












