—Solo me deja llevarlo un rato.
—¿Por qué?
—Porque dice que es muy caro y que lo voy a perder, pero que algún día será mío.
—¿Cuándo?
—Dice que cuando muera.
—¿Y dónde está ahora?
—No lo sé. Hoy no volvió para comer. —Una ambulancia dobló la esquina sin sirena. Las farolas acababan de encenderse.— Ya es tarde, anochece, deberíamos irnos.
—¿Y tú sabes leer la hora? Yo sí sé.
—¿Me la dices?
—No es esa hora, está adelantado.
—Siempre llega pronto a los sitios.
—Entonces tendrás tu reloj pronto.










