El policía se detuvo frente a él y, con un gesto, le pide que baje la ventanilla.
—¿Es consciente de las infracciones que acaba de cometer? —enumeró— Exceso de velocidad, conducción temeraria, poner en peligro a los viandantes…
Lo miró unos segundos.
—Sí, soy escritor —dijo.
Bájese del coche, está usted detenido.
El agente echó mano de su arma reglamentaria tan rápido como pudo, pero no fue lo suficientemente rápido…

#Microrrelato
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5 de febrero de 2026 en 22:34
Los escritores lo entendemos muy bien …guiñito cómplice.
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6 de febrero de 2026 en 13:38
Ah, sutil lectora.
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