
El otro día se viralizó en mi feed la última columna de Muñoz Molina en El País, «No enseñar al que sabe», en la que trata el tema del abandono de la educación por parte de la sociedad en su conjunto.
Durante estos días también se ha hecho viral en la red X un debate acerca de la utilidad del máster de profesorado y he visto cómo un gran número de profesores activistas y respetados se tiraban los trastos a la cabeza por no precisar ni matizar lo suficiente: ¿queremos acabar con el máster de profesorado o queremos transformalo?
Agradezco la radicalidad de Muñoz Molina, es decir, su capacidad para tratar el tema de raíz: hay una guerra política entre quienes nos quieren tontos y quienes nos defendemos como podemos. Cuando Muñoz Molina habla de no enseñar al que no sabe, apunta a algo más incómodo: a una sociedad que ha dejado de tomarse en serio el conocimiento. No porque lo odie, sino porque lo trivializa. Se tolera la ignorancia si es simpática, si no molesta, si no exige esfuerzo, total, ya no es necesario el conocimiento para conseguir (mucho) dinero ni (mucho) poder, ni siquiera hace falta aparentar tenerlo. Lo intolerable es que alguien recuerde que aprender cuesta, desgasta y obliga a renunciar a la comodidad y que no tiene ninguna utilidad inmediata ni evidente a priori.
Estoy a punto de cumplir seis años como profesor. He vivido varios procesos de oposiciones, cambios de leyes educativas, la precariedad, la interinidad, innumerables procesos de desgaste… Cruzo varias veces al día las puertas del aula y en el camino entre una y otra me pongo a pensar, pero me cuesta. Le doy vueltas a quién me ha enseñado cómo funciona esta profesión (más que la experiencia y un par de compañeros/as), en qué leyes me protegen a mí y protegen verdaderamente al alumnado, en qué utilidad tiene toda la burocracia que tengo que realizar, en quién es esa Administración y dónde está y por qué solo aparece para dar malas noticias… También pienso en qué me gustaría tener más tiempo para preparar clases, para hablar con los chicos/as de sus problemas, para poder tomar un café a gusto con los compañeros porque no hay mejor terapia que esa… Pienso en todo eso hasta que cierro por dentro, esbozo una sonrisa, doy los buenos días y comienzo con mi trabajo.
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21 de enero de 2026 en 10:49
Disfruto de estudiar. De hecho, creo que lo necesito en mi día a día: un curso nuevo, profundizar un tema…
Pero esto no es lo más común, lo veo alrededor, incluso en mi propia familia y amigos. Una pena…
Espero que ustedes, los profesores, mantengan el deseo de enseñar, como otros el de aprender, a pesar de las circunstancias.
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21 de enero de 2026 en 14:56
Gracias a gente como tú, aunque no lo creas, el mundo y la educación se mantienen. Gracias por leer.
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21 de enero de 2026 en 14:44
Entre la burocratización del profesorado, la intromisión de cualquier tecnócrata de la Admnistración que pretende sentar cátedra sin haber dado clases en su vida, el escaso prestigio que algunos círculos conceden a los/las profesionales de la enseñanza y las carencias conómicas de la Escuela Pública para dotar de recursos suficientes las aulas, el único pilar que resiste es el de la vocación/convicción de tantas maestras y maestros que siguen faenando a contracorriente.
Salud.
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21 de enero de 2026 en 14:56
Haces una reflexión muy certera. Tienes toda la razón. Muchas gracias por leer.
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22 de enero de 2026 en 03:10
AH, muy cierto todo lo que dices. No sé mucho de la situación en España…¡válgame! Yo llevo treinta años enseñando, casi siempre en colleges (universidades de dos o cuatro años) y el contacto con los estudiantes llena mi vida.
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22 de enero de 2026 en 12:21
Y,,, si publicamos algunas de tus notas en masticadores.com? Si te interesa hablamos, fleminglabwork@gmail.com saludos Juan Re
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22 de enero de 2026 en 14:55
Hola, Juan:
Muchas gracias por leer y por tu interés. No tendría ningún inconveniente a priori. Hablamos, saludos.
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22 de enero de 2026 en 14:57
Ok, esper tu email saludos Juan
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2 de febrero de 2026 en 00:50
La ignorancia inconsciente, a veces, es una sabiduría humilde.
Pero cuando se recrea en sí misma y monta espectáculos, puede llegar a tener muchos espectadores y seguidores.
La crueldad es un espectáculo horrendo y tiene entre sus padres a la ignorancia.
Habría menos males en el mundo si hubiera más conocimiento.
Vosotros, los que enseñáis, tenéis tareas bien pesadas: cada palabra, cada gesto, cada concepto, cada silencio, llevan responsabilidades irreversibles, porque se asientan en las mentes y las influyen.
Entiendo muy bien lo de un buen café. (Ese café también enseña, a su manera). re
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2 de febrero de 2026 en 08:14
Muy de acuerdo con tus palabras. Gracias por tu lectura. Nos leemos. Abrazo.
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