
Tenía un tanto abandonada esta sección y qué mejor obra para retomarla que Taller de corte y corrección, del escritor y docente argentico Marcelo Di Marco. Es una pena que esta obra no esté en físico en España y que me haya tenido que dejar los ojos en el ordenador para degustarla porque digo, sin exagerar, que es uno de los mejores manuales para la creación literaria, un género del que me considero un fiero devorador. Y digo esto porque a medida que leo más libros sobre el asunto más cínico me vuelvo, aunque quizá tenga que ver también con mis expectativas: ando con la firme esperanza de encontrar el manual perfecto que me convierta en el escritor que quiero ser. Lógicamente, esa obra jamás la he encontrado, más que nada porque no existe ni existirá, pero, sin lugar a dudas, si hay alguna que se le parezca, me atrevería a decir que es esta.
Taller de corte y corrección da lo que promete desde el título: un manual para costureros. Es de los manuales que más baja al barro en cuestiones de estilo: tiene larguísimas listas de consejos y pone cientos de ejemplos reales en los que propone pequeñas variaciones sobre una misma oración o texto para que veamos el efecto que añaden, por ejemplo, en el uso de los verbos de movimiento o de los signos de puntuación.
Uno de los grandes aciertos de Taller de corte y corrección es su insistencia en la escucha del texto: el oído como órgano crítico. No es casual que Di Marco vuelva una y otra vez a la puntuación, a la coma, al ritmo, a la frase que respira o se ahoga (Escribiendo en coma, Cuestión de oído, Ingeniería de sonido). Aquí la corrección no es un gesto normativo, sino una forma de atención: aprender a detectar cuándo una frase pide silencio, cuándo sobra músculo y cuándo el texto necesita adelgazar para empezar a decir algo. La lección es clara y poco complaciente: escribir mejor no es añadir, sino saber quitar.
En ese punto aparece con fuerza la figura de Abelardo Castillo, no solo como autor citado, sino como maestro ético del oficio. Di Marco lo recupera como modelo de rigor: corregir es asumir responsabilidad, no refugiarse en la espontaneidad ni en el mito del genio inspirado. La famosa “santa tijera” no es censura, es conciencia. Castillo encarna esa idea incómoda y liberadora de que el estilo no es un don, sino una conquista lenta, hecha de reescrituras, de fracasos y de renuncias deliberadas. Por eso el libro funciona tan bien como manual y como vacuna. Frente al exhibicionismo estilístico, propone claridad; frente a la verborrea, contención; frente a la pose, trabajo. En capítulos dedicados a la elipsis, a la condensación, al punto de vista o a la relación con el lector (No escribir más de la cuenta, El todo es mayor que la suma de las partes, Pensando en el otro), Di Marco deja una enseñanza que atraviesa todo el volumen: corregir es una forma de respeto, hacia el texto y hacia quien lo lee. Y quizá por eso este libro no promete convertirte en escritor, pero sí algo más raro y más valioso: ayudarte a no mentirte mientras escribes.
Como podéis comprobar, me deshago en halagos hacia este manual, pero es que los merece. No porque prometa atajos ni fórmulas mágicas, sino porque enseña algo más difícil y más honesto: a leer lo que uno escribe con rigor, a desconfiar de la primera versión y a asumir que escribir bien es, casi siempre, saber corregir a tiempo.
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30 de enero de 2026 en 10:50
It’s such a shame that a book like this hasn’t been translated into my language. What you wrote touched me. I would love to read it. I did some research, and I think there are copies I can read online. But of course, reading from translation to translation will be a long journey. Thank you. Love, nia
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30 de enero de 2026 en 13:57
Thanks for reading. I hope the book gets published in English. Best regards.
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30 de enero de 2026 en 16:20
Parece muy interesante, tomo nota.
A mí también me gusta leer ese sobre este tema.
Un saludo
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31 de enero de 2026 en 16:06
gracias
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31 de enero de 2026 en 16:07
A ti por leer.
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