Este domingo me tomo el café en casa, cómodo, calentito, mientras ahí fuera hace frío, llueve y el viento golpea con fuerza. El tiempo ha estado así durante toda la semana. Leo las noticias y los titulares también han sido los mismos durante estos días: cuerpos paramilitares disfrazados de agencia civil estatal aplicando purgas étnicas a un lado del charco, y a este lado hablando de los beneficios y perjuicios que pueden causar la regularización masiva de inmigrantes. Es como si el tiempo quisiera recordarnos de algún modo la realidad que no somos capaces de ver: nadie está a salvo en ninguna parte.
Tras pensar en ello recuerdo La fila india (2013), de Antonio Ortuño. En ella, Irma, una trabajadora social y funcionaria del Estado, es enviada a una ciudad al norte de México para reabrir y gestionar un albergue de migrantes tras una matanza que acabó con la vida de muchos de ellos. Tratará de normalizar la situación: intenta aplicar protocolos, discursos humanitarios y procedimientos legales, pero la realidad se impondrá, pues la ciudad está plagada de corrupción, de violencia, de machismo y de crimen. Irma va tomando conciencia de que su trabajo no cambia nada: sirve para dar una imagen de legalidad y calma mientras el sistema sigue triturando vidas. La migración no es un problema humanitario mal gestionado, sino un negocio y un dispositivo de control. Es el resultado de ponerle precio a nuestras vidas.
Afuera sigue lloviendo. El viento arremete contra los que no pueden refugiarse. Quizá por eso el sistema insiste tanto en regularlo todo: para no admitir que, mientras yo me tomo este café, alguien tenga que estar a la intemperie, haga el tiempo que haga.

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1 de febrero de 2026 en 11:36
Ese café lo he tomado yo también, resguardado del viento y el frio. ¡Buen domingo! saludos…
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1 de febrero de 2026 en 11:37
Y afortunados de poder hacerlo. Nos leemos, Francisco. Abrazo y buen domingo.
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1 de febrero de 2026 en 13:55
Con todo lo que sucede a nuestro alrededor, mientras la cafeína va despejando la mente y entibiando el cuerpo, quizás sea la meteorología lo único que llegamos a comprender sin que se nos revuelvan las tripas.
Bien domingo.
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1 de febrero de 2026 en 15:26
Muy cierto. Gracias, como siempre, por leer. Feliz domingo.
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1 de febrero de 2026 en 13:56
Buen, quería escribir.
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1 de febrero de 2026 en 14:47
Feliz domingo, porque nos empeñamos en que así sea a pesar de lo que pasa afuera, en nuestras propias narices. Pero que sea feliz, amigo. Que puedas abstraerte en tu cafecito de todo lo que el mundo en que vivimos nos provoca, y a lo que nos convoca. Un abrazo desde Tampa.
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1 de febrero de 2026 en 15:08
Duras palabras, Ismael. Ser consciente de todo lo que ocurre en el mundo es duro. Abrazo.
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1 de febrero de 2026 en 17:01
Tu texto es una mezcla de calma y desencanto, una suave pausa —el cafecito— en medio de una realidad social, política y humana que se volvió áspera, difícil de digerir; mientras el clima permanece como uno de los pocos territorios todavía inocentes, casi previsibles. Me ha pareciso muy interesante tu Blog. Te leo. Un abrazo amigo.
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1 de febrero de 2026 en 17:43
Muchísimas gracias por tu lectura y por tus palabras. Nos leemos. Abrazo.
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