«Comprobación interesante: hasta qué punto la labor creadora implica la autodestrucción del creador. Escribir es como hacer el amor: una cosa brutal, fatigante, en la cual morimos y renacemos. Luego de escribir una página caigo extenuado en la cama, los ojos ardientes, la náusea del tabaco y la sensación de la consumisión física. Y ello es el precio de veinte líneas, ni buenas ni malas, que serán probablemente corregidas o eliminadas, pero en cuya elaboración hemos puesto lo mejor de nosotros mismos».
Julio Ramón Ribeyro — La tentación del fracaso.

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12 de febrero de 2026 en 01:04
Buenísimo. Y bastante en ganga salimos conque alguien lea las veinte líneas después.
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12 de febrero de 2026 en 10:15
Totalmente. Gracias por leer. Abrazo.
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