En el margen literario

Un proyecto literario de escritura y de docencia.

#CaféDominical del 15/02/26

10 comentarios

Hoy enciendo la cafetera con menos tranquilidad de la acostumbrada: hoy toca pasar el día en Badajoz. Huelo el grano al molerse y tiene un aroma carnavalero. De todas las festividades del calendario, probablemente esta sea la única con la que comulgo —valga la ironía—.

No soy yo muy dado a la jarana ni a hacer el mamamarracho —pero como todo es ponerse—, pero, en los últimos años, tengo la certeza de que hay que celebrar el carnaval por todo lo alto. No debería ser simplemente esta una fiesta más en la que la rueda del sistema siga girando para favorecer el consumo, tenemos una responsabilidad histórica. Desde sus orígenes paganos ha sido una celebración incómoda: borrada, domesticada, prohibida. Sin ánimo de dar la monserga ni de trazar un repaso por toda la historia, conviene recordar que durante la dictadura, desde 1937, el carnaval quedó oficialmente prohibido hasta 1978, ya en democracia. Solo en Cádiz, bajo el eufemismo de «Fiestas Típicas Gaditanas», se mantuvo encendida la llama. Sin máscaras ni disfraces en público, pero con coplas que sabían exactamente dónde doler.

Hoy no traigo a la memoria ninguna novela. Me tomo el café viendo la final de las murgas de Badajoz. Han ganado Los Camballotas. Su repertorio ha sido una denuncia directa de la situación de la atención primaria en la sanidad extremeña y un alegato que no se anda con rodeos: «la sanidad no se negocia». Entre sus letras hay poesía y hay herida: «la empatía no es virtud del ser humano, pues miramos para otro lado en medio del horror; se improvisan hospitales entre ruinas de ladrillos y la sombra de la muerte asomando en los pasillos; las llamadas de socorro y que aún, manda cojones, no lo llamen genocidio. Hago una llamada por la muerte con mi llanto a la vida para que se termine el terror en Palestina».

El carnaval no es evasión. Es permiso para decir lo que en otro contexto sería imprudente. Es sátira, pero también es memoria; es música, pero también es tribuna. La máscara no oculta: revela. El disfraz no es huida: es una forma antigua de señalar al poder sin que el poder pueda señalarte de vuelta.

Así que pónganse máscaras. Disfrácense. Rían, beban, bailen. Toquen el pito y hagan volteretas, zapatetas y botarates. Pero no olviden por qué lo hacen. A veces la democracia necesita ruido, necesita sátira y necesita burla; defendamos la democracia haciendo los payasos.


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Autor: (Literatura) en el margen

Escritor. Profesor. Doctor.

10 pensamientos en “#CaféDominical del 15/02/26

  1. Avatar de ismaelvaldivia

    Gracias por este dominical. Me ha hecho acercar, someramente, ligeramente, digitalmente, a las murgas. A su historia, a su encanto. Al concurso final en Badajoz este año. Me asombra que, todavía, haya para los españoles, encanto en esta forma de denuncia ingenua. Enhorabuena!

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  2. Avatar de Desconocido

    Creo igual, creo que sí, que quedan pocas trincheras. Me encanta oírtelas catalogar de honestas. ¡Bravo por la de Badajoz, amigo!

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  3. Avatar de Desconocido

    Es verdad, era el único día del año donde el pueblo podía quitarse un poco el yugo de la moral asfixiante propiciada por el clero. Hasta su propio nombre, Don Carnal contra Doña Cuaresma, dejaba claras las intenciones…

    Habrá que celebrarlo, sí :)

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  4. Avatar de dovalpage

    Muy interesante…ah, las sincronías…Ahora mismo estoy leyendo sobre los carnavales en Galicia y me parecen fascinantes.

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  5. Avatar de Una mirada...

    Venga, pues. Que vivan Badajoz y sus carnavales (en mi pueblo ha habido que retrasarlos por las ventoleras) y que las verdades que encierran las chirigotas sirvan de acicate para no perder el ritmo de la realidad.

    Salud y buena semana.

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