—¿Qué haces con el sombrero del abuelo?
—Lo estoy pintando de azul.
—¿Te has vuelto loco? ¡Te va a matar!
—Es que siempre decía que el cielo guarda todo lo que va perdiendo y como cada vez se acuerda de menos cosas…
—Eso lo decía cuando murió la abuela.
—Por eso…
El abuelo apareció en la puerta.
—¿Qué estáis haciendo?
—Nada, papá.
El abuelo miró el sombrero azul.
—Qué raro —dijo—. Yo lo tenía gris.
Se lo puso despacio.
—Azul… —murmuró—. Como ella.
—¿Como quién?
El abuelo frunció el ceño, incómodo.
—Como… —dudó—. Como esa mujer que venía conmigo al parque.
El nieto, sentencioso:
—¡Me faltaron las nubes!

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17 de febrero de 2026 en 12:26
Hermoso!!
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17 de febrero de 2026 en 13:18
Gracias.
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17 de febrero de 2026 en 14:42
En esas vejeces donde las células de la realidad empiezan a adquirir un tono blanquecino, nada como la inocente complicidad de la infancia para aferrarse a algún hilo suelto de recuerdos.
Un texto de sencilla profundidad.
Salud.
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