En el margen literario

Un proyecto literario de escritura y de docencia.

Hamnet (2026) #PelículasAlMargen

15 comentarios

Llevo bastante con el borrador de esta entrada completo y no sé por qué no lo había publicado. Supongo que porque detesto un poco el hecho de hablar desde la inmediatez. En cualquier caso, aquí mi opinión sobre la película:

Hacía mucho que no iba al cine y con Hamnet rompí el maleficio. Hamnet, por si alguien aún no lo sabe, es una película inspirada en la novela de Maggie O’Farrell y es el nombre que Anne Hathaway (aunque en la película se llama Agnes, la autora basó el personaje en el nombre registrado en el testamento de su padre, Richard Hathaway) y William Shakespeare dieron a su hijo, que murió siendo solo un niño.

En esta película (y en la novela) se nos cuenta la historia de una relación y de la creación de una familia. Que Shakespeare fuera el padre, es lo de menos. En la película, en cambio, adquiere un relieve mayor, no por afán biográfico ni por reverencia al genio, sino porque funciona como un puente necesario. Su figura permite introducir, con acierto, a mi juicio, un elemento que amplía y eleva el sentido de la historia: el teatro. Y no el teatro entendido como anécdota o decorado, sino como espacio donde la vida se reescribe, donde el amor encuentra otra forma de decirse y donde el dolor se transforma en representación. Ahí es donde la obra cobra una dimensión más honda: cuando el escenario deja de ser solo un lugar y se convierte en el territorio en el que arte y existencia se confunden hasta no saber cuál sostiene a cuál.

La historia es la siguiente: un preceptor de latín (que resulta ser un tal Shakespeare) se enamora de la hija de un ganadero y acaba pagando con su trabajo una deuda que su padre había contraído con esa familia. Una familia peculiar. En ella, Agnes ha aprendido todo de su madre, una mujer del bosque, casi una bruja, depositaria de un saber antiguo que no se estudia en libros. Nuestro joven, formado en letras y declinaciones, descubre en ella una pulsión primigenia, una fuerza ligada a la tierra y a lo invisible.

Visualmente, la película los traza con un lirismo contenido, sin exceso ni artificio: ella es bosque, raíz, tierra húmeda, fuerza oscura y fértil; él, para ella, es hondura, un socavón en el alma, un lugar al que asomarse con vértigo. De esa tensión nacen dos realidades: la familia y el teatro. Dos mundos que terminarán por separarse hasta el límite y que solo al final, cuando el dolor ya lo ha atravesado todo, encontrarán de nuevo un punto de unión en la catarsis.

Leyendo muchas opiniones me he encontrado con una crítica que me parece desproporcionada, sobre todo por parte de quienes veneran la novela como si la película tuviera la obligación de rendirle pleitesía literal. No sé cuántas veces habrá que recordar que del papel a la pantalla no se produce un traslado, sino una recreación; no una adaptación calcada, por mucho que así lo anuncien las carteleras. He leído reproches de todo tipo: que la estética es demasiado bella y que esa belleza distrae de la trama —como si lo hermoso fuese un estorbo—, o que el final es una invención inadmisible. A mí me parece exactamente lo contrario.

El desenlace es apoteósico, catártico en el sentido más pleno del término. No se limita a cerrar la historia: la eleva. Reinterpreta y ensancha el universo de Shakespeare con un uso del intertexto medido y poderoso, y convierte el dolor en representación sin traicionarlo. Es el momento en que todas las heridas que la película ha ido abriendo encuentran un cauce, una forma. Con sus licencias —eran otros tiempos, y quizá también otros espectadores—, el cierre resulta coherente, necesario y, sobre todo, profundamente justo.

Con casi todas las personas con las que he hablado después de verla ha ocurrido lo mismo: lágrimas, silencios, una necesidad extraña de ordenar lo que acababan de sentir. No es algo menor. Que una película consiga eso —que te atraviese, que te desarme, que te obligue a mirarte por dentro— es uno de los logros más altos a los que puede aspirar el arte. Si una obra es capaz de provocar esa verdad emocional, todo lo demás —las discusiones sobre fidelidades, las quejas formales, los escrúpulos puristas— queda en un segundo plano. Porque cuando el arte te hace llorar sin trampas, ya ha ganado la partida.


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Autor: (Literatura) en el margen

Escritor. Profesor. Doctor.

15 pensamientos en “Hamnet (2026) #PelículasAlMargen

  1. Avatar de Desconocido

    «Que Shakespeare fuera el padre, es lo de menos. En la película, en cambio, adquiere un relieve mayor, no por afán biográfico ni por reverencia al genio, sino porque funciona como un puente necesario. Su figura permite introducir, con acierto, a mi juicio, un elemento que amplía y eleva el sentido de la historia: el teatro. Y no el teatro entendido como anécdota o decorado, sino como espacio donde la vida se reescribe, donde el amor encuentra otra forma de decirse y donde el dolor se transforma en representación. Ahí es donde la obra cobra una dimensión más honda: cuando el escenario deja de ser solo un lugar y se convierte en el territorio en el que arte y existencia se confunden hasta no saber cuál sostiene a cuál»

    Vi la película hace pocos días y me parece muy interesante tu reflexión, en este párrafo. A mí no sé me había ocurrido.

    Gracias. Muy importante e interesante.

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  2. Avatar de Desconocido

    El comentario anterior no es anónimo. «La bancarrota del circo»

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  3. Avatar de Gali Swift

    Exacto: bella y honda expresión artística que conmueve hasta la médula con su catartico final…

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  4. Avatar de Juan Manuel Cruz Palacios

    Muy buen comentario, como es habitual en tu página. Es verdad que el libro es el libro y la película una recreación, aunque claramente muy trabajada y bien desarrollada con la autora. Y esto se nota. Es de las pocas veces que una excelente película (si Agnes no gana el Oscar es que no hay justicia en el cine de Hollywood) complementa y muy bien un libro excepcional.

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  5. Avatar de Una mirada...

    La película no la he visto, pero el libro, con el que conecté sin apenas percatarme, me conmovió.

    Gracias por la estupenda la reseña cinematográfica.

    Salud.

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  6. Avatar de (Literatura) en el margen

    Pues vela en cuanto tengas ocasión, no te arrepentirás.

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  7. Avatar de mitchteemley

    Theatre, and storytelling in general, can indeed be «where love finds another way of saying itself.» I agree wholeheartedly with your summary of the cathartic payoff at the end of the film. Having read the book first, I think the film Hamnet clarified that «saying» and improved upon it.

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  8. Avatar de Segundo Sánchez

    He leído el libro y he visto la película. Coincido contigo en que la película es una recreación del libro, como sucedió con «los santos inocentes». Decir que el final de la película me impactó, sentí una emoción como hacía tiempo que no me provocaba ninguna película. Sólo por eso merece la pena verla y sentirla. Un saludo.

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