Había tenido cuidado en precisar la edad porque, a pesar de la incomodidad, para ella era muy importante. Ya era monótono tener esa primera y única cita en el mismo lugar. Siempre pedía agua y sonaba jazz suave de fondo. Desde que entraban, los miraba a todos de arriba a abajo por igual. Observaba sus rostros, sus manos y la disposición de los cuerpos antes de comenzar a desvestirlos. Las conversaciones brillaban por su ausencia, no podía con tanta frialdad. Tomaba nota mental de cada detalle bajo la luz blanca.
Una vez más, otro vulgar cadáver en la autopsia.

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26 de febrero de 2026 en 14:09
La de forense no es una profesión muy socializante pero, aún así, es una donde mejor se puede conocer la vida humana con minuciosidad.
Buen microrrelato.
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26 de febrero de 2026 en 15:39
Sería divertido pasar un día con uno/a
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26 de febrero de 2026 en 18:14
Desde luego, porque si de las necropsias de la fauna silvestre se aprende, de la de un ser humano con mayor motivo.
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26 de febrero de 2026 en 16:51
Hay muertos más divertidos que algún que otro vivo.
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26 de febrero de 2026 en 19:05
¡Muy bueno!👌
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26 de febrero de 2026 en 19:32
¡No me lo esperaba! Buenísimo.
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27 de febrero de 2026 en 10:12
Los vivos también somos a veces muy monótonos y hasta pesados.
¡Sorpresivo final!
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27 de febrero de 2026 en 17:31
Muchas gracias. 😊
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27 de febrero de 2026 en 17:56
Brutal ese giro final inesperado. Felicitaciones, excelente microrrelato.
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