Inauguro una nueva categoría en la página: Taller en el margen.
He observado que los contenidos que más interés despiertan aquí son los relacionados con la creatividad y los mecanismos de la escritura. Por eso, a partir de ahora, analizaré relatos —clásicos o contemporáneos— para aislar una técnica concreta y comprender cómo funciona. La intención no es comentar por comentar, sino desmontar el artefacto narrativo: ver qué sostiene el texto, dónde está la tensión y qué decisiones formales lo vuelven eficaz.
Cada entrega terminará con una propuesta práctica. No como ejercicio escolar, sino como invitación: escribir es la única forma de entender de verdad lo que se lee.
Para comenzar, recurro al más célebre de los microrrelatos, el de Monterroso. Sobradamente conocido por cualquiera que se haya acercado al género. Precisamente por eso conviene detenerse en él: pocas veces se analiza por qué funciona con tanta precisión. Vamos con el relato:
«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».

El relato comienza desplazando el centro. No sabemos quién despierta. Tampoco sabemos por qué. La oración principal se retrasa. Esa dilación genera una pequeña suspensión: algo ocurrió antes. No es un simple recurso sintáctico. Es una estrategia narrativa.
Empezar por una subordinada implica que el verdadero acontecimiento no es el despertar, sino lo que lo rodea. La frase ya contiene pasado antes de que aparezca el dinosaurio.
El microrrelato son todo aciertos, pero, para mi gusto, es el «todavía». Monterroso se propone usar el mínimo de palabras posibles para crear su historia, todas son imprescindibles, y es esta la primera que podría suprimir, ¿por qué la usa entonces? Sin ese «todavía» el relato podría resultar incluso humorístico. El adverbio introduce una duración previa. Implica que el dinosaurio estaba antes y que quien despierta esperaba que ya no estuviera. Ese “todavía” sugiere:
– Una amenaza anterior.
– Una espera angustiosa.
– Un deseo frustrado.
El terror no está en el dinosaurio. Está en la persistencia. No es la aparición de lo monstruoso, sino su permanencia. Lo inquietante no es que esté ahí, sino que siga ahí. Ese adverbio convierte una imagen en conflicto.
El tercer gran aspecto del relato es la elipsis: No sabemos quién despierta. Ni qué hizo el dinosaurio. Ni qué va a pasar ahora. Pero el relato no necesita explicarlo.
El conflicto se instala en la mente del lector. La frase es mínima, pero el antes y el después son enormes. Eso es concentración narrativa: no decir menos, sino hacer que lo no dicho pese más que lo escrito.

PROPUESTA DE ACTIVIDAD:
Propongo el siguiente ejercicio: escribe una sola frase que comience con una subordinada temporal (por ejemplo, «Cuando…», «Al abrir…», «Después de que…») e incluya un adverbio de continuidad como «todavía», «aún», «ya», «otra vez» o «por fin», de modo que ese adverbio sugiera un conflicto previo sin explicarlo en ningún momento; una vez escrita, elimina el adverbio y comprueba qué ocurre con la tensión del texto, y después sustitúyelo por otro distinto para observar cómo cambia el efecto —si se vuelve más inquietante, más irónico o más ambiguo—, con la regla clara de no añadir ninguna segunda frase aclaratoria, porque el objetivo es comprobar hasta qué punto una sola palabra puede sostener por sí misma la carga narrativa de toda una historia.
Te leo en los comentarios.
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27 de febrero de 2026 en 13:37
»Cuando cerró la puerta del garaje, comprobó que los cerrojos (aún) estaban en su sitio»
«Cuando cerró la puerta del garaje, comprobó que los cerrojos (por fin) estaban en su sitio»
La primera tiene cierto misterio. La segunda, creo que inquieta más…
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27 de febrero de 2026 en 17:28
El «aún» entra más natural que el «por fin», ¿no crees? En otros contextos podrían parecer sinónimos absolutos, pero en narrativa puede una puede llegar a chirriar hasta el punto de estropearlo. Aun así, estoy de acuerdo contigo, en el segundo caso aumenta la tensión, pero el problema radica en que en un espacio tan pequeño corre el riesgo de no funcionar por ser excesivamente dramático. Hay que ser sutil.
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27 de febrero de 2026 en 17:29
Son muy buenas propuestas para comparar y debatir. Muchas gracias por interactuar. Buen fin de semana.
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27 de febrero de 2026 en 17:01
Los microrrelatos son, como la poesía, un género difícil donde los haya. Hay que ser una gran maga de las palabras para dibujar una imagen en la mente del lector o escuchante (en el caso de la poesía). Condensar tanto que en una frase quepa un relato. Como soy muy de jugar, te recojo la propuesta y propongo: «Cuando escuchó el golpe seco de la puerta, supo que no había vuelta atrás». Gracias por la propuesta :)
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27 de febrero de 2026 en 17:24
¡Es genial! Has sido conservadora en la propuesta pero el efectismo es pleno. A raíz de la lectura de tu ejercicio se me ocurre otro elemento que funciona plenamente, el extrañamiento. Monterroso introduce el dinosaurio para terminar de provocar un efecto de desconcierto total a nivel semiótico. La crítica trató de asociarlo a los regímenes autoritarios caducos del s. XX que tanto sobraron (y sobran) en Hispanoamérica. Si introduces un término así, culminas el ejercicio. Muchas gracias por recoger el mensaje en la botella que lanzo. Nos leemos. Buen fin de semana.
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27 de febrero de 2026 en 18:40
Sí, he jugado sobre seguro (ja,ja,ja). Le daré una vuelta a ver si encuentro ese elemento que pueda generar el extrañamiento en esta propuesta a ver si corono el ejercicio. ¡Qué divertido! Gracias mil.
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27 de febrero de 2026 en 19:18
«Al entrar en el trastero comprobó que hedía a putrefacción».
«Al entrar en el trastero comprobó que todavía hedía a putrefacción».
«Al entrar en el trastero comprobó que de nuevo hedía a putrefacción».
Me he ido a lo fácil, pero resulta divertido.
Gracias por la propuesta.
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1 de marzo de 2026 en 11:44
Muchísimo. Muy buena la diferencia. Con un solo adverbio dos historias distintas.
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28 de febrero de 2026 en 01:40
¡Me gusta el brete!
Cuando encendió la computadora, vio que el texto comenzado la anoche anterior (ya) estaba concluido.
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1 de marzo de 2026 en 11:43
Eh, ¡me encanta! Eso pide ser continuado.
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2 de marzo de 2026 en 11:02
Al abrir la caja, las castañuelas todavía estaban ahí.
Al abrir la caja, las castañuelas otra vez estaban ahí.
O…¡por fin las castañuelas estaban ahí!
Me ha gustado el juego, primera vez que escribo uno.
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2 de marzo de 2026 en 16:00
No está nada mal, ahí está pasando algo. Mete un persona que nos agrande la incógnita y nos haga crear conjeturas llenas de incertidumbre.
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